¡El 19 de marzo ya está a la vuelta de la esquina! El año pasado elegimos lo más socorrido que se puede regalar a un padre: unas corbatas para llevar a la oficina.
Este año hemos decidido que lo mejor es compensar, y regalarle algo para sus ratos de ocio. Porque vamos a ver, ¿a qué padre que se precie no le gustan las herramientas? Para hacer sus chapucillas en casa, para dejárselas al vecino, “y ya de paso voy y te ayudo a beberte esa cerveza fresquita que tienes en la nevera”, o simplemente por el hecho de tenerlas. Unas que no tienen nada que envidiar a las Black&Decker de la ferretería de la esquina:
Y vamos, ya que nos ponemos, le hemos fabricado también un cinturón para llevarlas todas a mano y ordenadas, que luego ya se sabe que cuando están en lo alto de la escalera en equilibrio, con el clavo en la mano, resulta que tienen el martillo a tres metros…
Al principio pensé en hacer una regla para medir, un taladro, un serrucho, un destornillador y un martillo. Pero mientras estaba en la fase de diseño mental, una noche que estaba durmiendo, abrí los ojos como en las películas y dije para mí: “una lima con azúcar”. Y no es que estuviera soñando que estaba en la piscina de un maravilloso resort en las Maldivas pidiendo mi bebida, no. Yo iba por lo de hacer una lima de galleta y la parte que lija que fuese de azúcar. No viajo al caribe ni en sueños
Las nuestras las hemos envuelto para el regalo. Ya están preparadas
Y vosotros, ¿queréis también sentir el placer de despertaros por la noche con una idea genial para hacer vuestras galletas, y no sabéis como? Pues es muy fácil, sólo hay que asistir al:
Pedidme información en mamimanitas@gmail.com







Con unas herramientas como estas… ¡hasta yo me apunto al bricolaje!
Pensé en hacer palillos de dientes, pero a ultima hora me corté
Estas herramientas, además de ser mucho más bonitas que las del Megacentrobricolajero, tienen una ventaja adicional: después de una agotadora sesión de bricolaje, puedes reponer fuerzas comiéndote las herramientas
¡Pues sí! Incluso más de uno que yo conozco se quedaría con todos los clavos sin clavar y sin martillo a mitad del trabajo